El Satanismo
 

 

 


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El satanismo tiene muchos seguidores

Después de la muerte de Franco, los españoles descubrieron algo que había permanecido oculto durante casi cuarenta años dejaba de ser de repente un tabú insuperable. Se destapó el sexo y salió a la luz del día para que lo vieran todos y se olvidaran de los problemas económicos por los que atravesaba el país. Pero cuando se hubieron empapado de sexo hasta la saciedad, tuvieron que inventar o pensar otra cosa. Fue así como conocieron las drogas, la magia, la brujería, el satanismo y la práctica de los horóscopos. Era divertido conocer lo que solamente bajo el temor a los castigos y a la muerte en las hogueras pudo practicarse en otros tiempos. Pero quiénes se aproximaron a estas manifestaciones ocultistas, por morbosa curiosidad o engañados, ignoraban los problemas que esto les causaría.

El Satanismo

Las personas que miraban con desprecio y horror a la brujería descubrieron que poco o nada podía hacerse para combatirla, porque las películas llegadas de Hollywood se ocupaban de recordar a cada instante al ingenuo espectador la existencia de Satanás, el satanismo propiamente dicho. Se pensó entonces que, igual que había sucedido con el destape, los españoles sensatos irían abandonando tan absurda admiración por la brujería y lo peligroso que es el satanismo, obedeciendo a una ley natural.Los más entendidos afirman que el regreso a la magia y a las prácticas satánicas constituye el signo de un desequilibrio psíquico y moral de la sociedad actual. Para otros es tan sólo una consecuencia de la soledad del hombre contemporáneo, de la deshumanización que lo acosa en la mayoría de los terrenos. Por lo que hemos averiguado, se dice también que resulta de la pérdida de confianza en sí mismo y no faltan los que culpan a la invasión de películas que se centran en la violencia y el satanismo.

Otros motivos de el satanismo

El mundo pierde los valores

También pudiera suceder que el hombre ha ido perdiendo ciertos valores fundamentales, como son la influencia de los padres, del médico de la familia, del maestro o incluso del director espiritual en los países de tradición católica. Al no recurrir a quienes no gozan ya de su confianza, el ser humano se dirige a un desconocido que jamás le hará reproches por los errores cometidos como es el satanismo. Es más cómodo acudir al curandero, que pretende curar con sólo pasar las manos sobre la región enferma, que ver al médico en quien no se confía.

El SatanismoY en lugar de pedir consejo a un sacerdote conocido, es preferible consultar a una echadora de cartas o a una pitonisa. La Iglesia contribuye, sin pretenderlo, a la propagación de la brujería, al mostrarse enemiga de la superstición de los magos sin caer en la cuenta de que abunda en su seno. Por ejemplo, permite que los muros se cubran de exvotos colocados por los fieles que juran haber sanado gracias a las oraciones que dedicaron al santo de su preferencia.
Por otra parte, la Iglesia parece tener opiniones muy divididas en torno a Satanás, el supuesto patrono de las manifestaciones mágicas, ocultistas y el satanismo: algunos sacerdotes afirman que el Diablo no es ningún símbolo, sino que existe realmente. A su vez, el papa Juan Pablo II se muestra tajante al decir que Satanás es “el enemigo cósmico” y que no creer en su existencia equivale a estar fuera de la Iglesia. De este modo, parece atraer, innecesariamente, la atención sobre un personaje que debería carecer de importancia y apoya, de manera inconsciente, el culto al Maligno.

Dicen otros sacerdotes, en cambio, que los actos cometidos por los miembros de el satanismo son sólo producto de mentes enfermas. Pero saben mostrarse prudentes a la hora de emitir un juicio sobre la existencia o inexistencia de Satanás.
Sin embargo, nadie parece ponerse a reflexionar sobre el origen de este nombre de Satanás. Nadie se pregunta de dónde viene Satanás, pero si les gusta saber todo de este personaje, sin embargo la mayoría de los conceptos en los que se basan han sido mal interpretados o son sencillamente puras falsedades.
 
 
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