Brujos
 

 

 


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Cuando fue la rebelión de los brujos

Debemos ver dos fuentes más del origen de la brujería occidental que Julien Tondriau define de la siguiente manera: “De hecho la hechicería no puede, como la magia, reivindicar para sí el nombre de ciencia, no constituyendo más que su espúrica hermana menor, como el faquirismo no es más que el hermano bastardo del yoga. Y lo que es peor, durante siglos no fue más que una plaga. El mago pretende ser dueño y dominador de las fuerzas del mal. El hechicero no es más que un aprendiz que no puede domeñar las fuerzas que desencadena, no como los brujos ”. Adquiera su Manual de Hechizos Vudú AQUÍ

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De estas dos fuentes debemos considerar en primer lugar que la brujería es una forma de superveniencia de los ritos y creencias paganas anteriores al cristianismo. Es una reencarnación enfermiza y obsesionada; y aunque en algún momento se muestra con cierto vigor, languidece largamente, muriendo a cada paso, un poquito más.
 

Otra causa de la brujería puede ser la rebelión;La rebelión ante las estructuras que la sociedad tenía; es una forma de subversión que mina la concepción moral y el espíritu religioso que mantenía y garantizaba la continuidad de las formas de vida imperantes. Pero los brujos son los representantes de lo inverso; son los exponentes de una inversión de valores, que de una manera inconsciente atentan contra el férreo e inmutable edificio de lo establecido e institucionalizado. Inconsciente y de una calidad poco apreciable, la brujería es también, en el fondo, una rebelión. Y hoy asistimos a un resurgimiento de los brujos como símbolos. Porque hoy también nos dirigimos a una inversión de valores, a una rebelión, esta vez consciente e intelectual, contra las viejas concepciones morales y sociales de nuestra cultura que presenta todos los síntomas de la decadencia.

Es muy antigua la profesión de los brujos

Desde tiempos inmemoriales

Como queda apuntado, la brujería es una profesión muy antigua, que viene de tiempos inmemorables. Pero desde Cristo hasta entrando el siglo V, es reprimida fuertemente por la Iglesia, la cual se siente poderosa y segura. Esta seguridad que provoca cierto relajamiento en la vigilia es la que permite, lentamente, el resurgimiento de la doctrina demoníaca y de los brujos.
Las primeras manifestaciones las conocemos por referencias, no por testimonios directos. La Lex Sálica, sancionada en el siglo V por Clovis I dice: “Una bruja que haya comido carne humana y sea convicta, pagará ocho mil denarios.” El Código de Carlomagno por otra parte, decretaba la prisión para encantadores y brujos no arrepentidos. Entre los personajes que creían en su existencia tenemos a Beocio, el autor de “La consolación de la filosofía”; Bede, monje copista inglés, y San Isidoro de Sevilla.

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