Brujeria Negra
 

 

 


Brujeria Negra

Las misas negras

Desde los tiempos transcurridos durante el siglo XVII, los aquelarres comenzaron a sufrir sensibles cambios en cuanto a las personas que integraban este grupo. El pueblo dejo de concurrir, quizá por el temor que sentían a la tortura y a la muerte en la hoguera, y fueron ocupando su lugar las clases sociales más elevadas, que no tenían por qué temer a las persecuciones de la brujeria negra. Eran los burgueses adinerados, los nobles, los médicos y los militares deseosos de vivir grandes emociones. Hacían reuniones para adorar al diablo, por pura curiosidad, y por si este se aparecía y lo podían observar en persona, pero al final lograron lo que buscaban: dar rienda suelta a sus pasiones eróticas. La gran mayoría de los nuevos aficionados al aquelarre sufrían desviaciones sexuales. Había sadomasoquistas -anticipándose al nacimiento del marqués de Sade-, flagelantes, homosexuales y otros representantes de la vida difícil. Adquiera su Manual de Hechizos Vudú AQUÍ

Brujeria Negra
Si la libertad concedida por Luís XIV al pueblo francés para que practicara la brujería todo el que sintiera deseos de hacerlo tuvo cierto éxito, la corriente enciclopedista terminaría de apagar los fuegos de la magia popular y supersticiosa. Desaparecieron, los aquelarres, los brujos y los hechiceros de carácter popular; apareció entonces un nuevo tipo de ceremonia, como fueron la brujeria negra. Y surgieron, al mismo tiempo, unos magos más de acuerdo con la época, como fueron Cagliostro y el conde de Saint-Germain.
Tuvo lugar el auge de ciertas fraternidades y sociedades secretas hasta entonces medio clandestinas, como la francmasonería y los rosacruces, entre otras. Previendo los cambios espirituales que iban a producirse sin mucho tardar, enviaron sus representantes por toda Europa para dar a conocer sus doctrinas y ganar adeptos, en especial entre las clases sociales elevadas, que eran las que interesaban. Y aquellos esoteristas contribuyeron a acabar con los últimos brujos, por temor a ser confundidos con ellos.

De qué se tratan las misas negras

Comenzaron en el siglo XVIII

Las personas que en el siglo XVIII comenzaron a acudir a las misas negras, lo hicieron por una de estas tres razones, o por las tres: para romper con la aburrida monotonía de su vida cotidiana, por esnobismo o por el deseo sincero de adorar a Satanás al mismo tiempo que de renegar de Dios, en cuyas bondades se confiaba muy poco y mucho más en la brujeria negra. Estos últimos eran fanáticos, pero que la religión había desengañado o hundido en la desesperación. Figuraban también entre los participantes en estas ceremonias los que iban en busca de nuevos placeres eróticos dominados casi siempre por el sadismo.
Nacieron las misas negras en forma de tres clases de ceremonias que se celebraban de acuerdo con un orden, siempre el mismo. Se daba inicio renegando de Jesucristo, escupiendo sobre las hostias, pisándolas y atravesándolas con alfileres. Las hostias eran fabricadas o robadas de un templo católico. Seguía a esto una serie de cánticos confusos, que entonaban los asistentes sin abandonar su sitio, moviendo el cuerpo acompasadamente.

La ceremonia de brujeria negra se celebraba en un local cerrado que estaba adornado con un fondo de lienzos negros colgando de los muros y se iluminaba con cirios también negros. Además, ardían diversos pebeteros con incienso y drogas enervantes. Desde el principio era de esperar que los asistentes a la misa negra cayeran en un estado de creciente excitación. Quedaban listos para la siguiente fase de la reunión demoníaca.
Aquel acto de abandono a la religión católica, realizado de forma blasfema e insultante, daba paso al sacrificio sangriento celebrado ante el cuerpo desnudo de una sacerdotisa a cuyos costados ardían sendos pebeteros. El humo de ellos desprendido contribuía a crear una atmósfera alucinante y los vapores emitidos embriagaban hasta el delirio a los fanáticos aficionados a la brujeria negra. Se iban exacerbando los ánimos de todos y en especial la sensibilidad de la joven tendida sobre el altar.

 

Brujeria NegraEl sacrificio no era la muerte, sino que era la simple introducción de una hostia consagrada, debidamente enrollada, en los dos orificios naturales de la sacerdotisa, casi siempre joven y hermosa. De esta tarea se ocupaba el sacerdote oficiante, que pertenecía al sexo masculino. Pero era frecuente que antes de realizarse ese acto se procediera a la muerte ritual de un animal, como sucede con el vudú haitiano, un claro ejemplar de brujeria negra.
En tales casos era degollado un gallo, un cordero o una cabra jóvenes, entre otros animales, sobre el cuerpo de la mujer. La sangre debía cubrirle el cuerpo entero, en especial el sexo. La sacerdotisa sobre cuyo cuerpo caía la sangre se iba excitando más y más conforme el líquido tibio y palpitante iba cubriendo su cuerpo entero.
La mujer comenzaba a lanzar roncos gemidos, mientras el oficiante, una vez vaciado de su sangre el animal sacrificado, dejaba caer sobre ella, gota a gota, el contenido de un recipiente con forma de cáliz. Finalmente, el sacerdote deslizaba la hostia por la piel de todo el cuerpo de la joven, la doblaba y la introducía en su sexo abierto. Llegaba así a su fin la segunda fase de la misa negra.

Los asistentes a la ceremonia estaban ya preparados para pasar a la etapa final, que era la carnal. Cada uno de los presentes se abalanzaba sobre la persona que se encontraba más cerca. En aquel momento, a la luz de los cirios y enardecidos por los vapores desprendidos de los pebeteros, resultaba imposible averiguar a qué sexo pertenecía el ser que había al costado. Sólo el sumo sacerdote sabía a quién dedicaba su entusiasmo erótico: a la joven que yacía sobre el altar, que lo recibiría sin protestar, incluso con entusiasmo, sabiendo de antemano cuál era el papel que tenía que representar.
Se realizaba la orgía, o última fase de brujeria negra. El sexo era, como puede verse, el digno remate de una ceremonia practicada en el siglo XVIII, que tuvo sus antecedentes en las ceremonias sagradas de la antigüedad y que ha renacido hoy con increíble vigor. Pero las misas negras y el satanismo actual se han extendido por todo el mundo asociados ahora con un extraordinario consumo de enervantes.

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