Brujas de Salem
 

 

 


Brujas de Salem

La brujeria loca

Esta sin lugar a dudas es una de las secciones del sitio más intrigante y apasionante, y nos dedicaremos a verter lo que estudiamos sobre este tema, para ello comenzaremos formulándonos la siguiente pregunta ¿Fueron brujas las brujas de Salem?
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Brujas de Salem
Nos trasladaremos a mediados del siglo XVII, época en la cual comenzaban a apagarse las hogueras en las que fueron quemadas tantas brujas, pero lo que nadie podía imaginarse, es que en sus postrimerías brotaría otra oleada de posesiones satánicas. Lo que si sabemos es que este hecho esta vez no sucedió en Europa, sino en un pueblo de la Nueva Inglaterra llamado Salem.
Este fue fundado en 1626 por Roger Conant, hombre sumamente religioso como lo fueron los demás emigrantes, y bautizó el lugar con el antiguo nombre de Jerusalén. Tres años más tarde, los puritanos que habían huido de Inglaterra porque nadie los dejaba en paz, fundaron aquí la primera iglesia congregacionista del continente. Estos puritanos, llegaron a Europa en busca de un nuevo mundo donde practicar con entera libertad su religión, pero también con la intención de obligar a los demás a practicarla. Pero ustedes se preguntaran, que tiene que ver esto con las brujas de Salem.

En 1692, un grupo de mujeres, muchachas y niñas se reunía todas las tardes en la casa de un reverendo, conocido como Samuel Parris. Esto era para escuchar las historias truculentas que contaba la esclava negra Tituba. La hija de Parris, Abigail, de nueve años, y su prima Elizabeth eran mucho más impresionables que las otras y sufrían fuertes crisis de lágrimas. Fue así entonces que el reverendo entendió conveniente enviar a la esclava lo más lejos posible. Pero esto no sirvió de nada, porque las niñas siguieron igual de inquietas. Y lo peor es que fue peor aún. Todo comenzó con diversos fenómenos de alucinación colectiva que provocaron pánico general. Lo primero que causaron, fue que todos fueron víctima de convulsiones. ¿Había penetrado Satanás en sus cuerpos? ¿Fue aquél un caso de histeria que amenazaba con tornarse colectivo? Comenzaba aquí la historia sobre las brujas de Salem.A Elizabeth se le ocurrió un día protestar, cuando le llamaron la atención, y tiró al suelo con furia una Biblia, en un día de ayuno, esto hizo enfurecer a su padre. Luego, para terminar de sacarlo de quicio, comenzó a lanzar aullidos y a pegar saltos por toda la casa, como si se hubiera vuelto loca. Las otras niñas nada tardaron en seguir su ejemplo, comenzaron a contorsionarse y en pronunciar blasfemias, que nadie sabe de donde las habrían aprendido. Las jóvenes eran siete en total, y sus edades iban desde los dieciséis a los veinte años, que era la edad de Elizabeth Proctor. Aquello parecía una casa de locos, o eran ya las brujas de Salem.

Fue así que, los padres fueron a consultar con un individuo que se creía muy sabio: el Dr. Griggs. Este Señor con solo verlas dijo que, estaban poseídas por el demonio y que había que hacer algo. Su inteligente opinión fue apoyada de inmediato por los clérigos y los jueces de Salem y por gran parte de la población. Muchos pensaron que eran tonterías de niñas malcriadas, y entre éstos figuraba John Proctor, padre de Elizabeth. No tubo la mejor idea de azotarlas donde más les doliera, antes de que las cosas se pusieran peor y acusaran a las niñas de brujas.
A este John Proctor nadie le hizo el menor caso. Y además, no le fue muy bien, por hablar de más.

 

Acusarlas de lo que sea a las brujas de Salem

Parece que es lo mejor

Brujas de SalemFue así que las niñas -o ya nombradas como las brujas de Salem- empezaron a mentir, y ya no hubo marcha atrás. Tuvieron que defenderse con más mentiras, sin pensar que podrían poner en peligro la vida ajena. Y cuando los jueces les pedían el nombre del ser tenebroso que venía a atormentarlas, se les ocurrió dar, el de una persona que no les resultaba simpática o no podía defenderse. Salió el nombre de Tituba y fue seguido por el de la mendiga Sarah Good y el de la tullida Sarah Osborne, vergüenza de Salem, por su afición desmedida a empinar el codo. Y también el de Martha Cory, madre de un bastardo, cuyos muchos pecados habían hecho sufrir a la virtuosa comunidad.
En ningún caso dieron las niñas el nombre de un vecino respetable, porque nadie les hubiera hecho caso. No tenían nada de tontas. Gracias a su entusiasmo, pronto fueron dos centenares las personas acusadas de tener tratos con el diablo. La mitad fue encarcelada y sometida a interrogatorio en un juicio que se inició el 1° de mayo de 1692. Los ánimos estaban exaltados y se ocupó de encenderlos aún más cierto Cotton Mather, un famoso predicador de Boston, quien vino a investigar el caso de las brujas de Salem.

Presidieron el tribunal dos individuos que nunca habían abierto un libro sobre leyes, pero que hacían todo lo que les ordenaba este personaje fanático perseguidor de brujas. Preguntaron a las acusadas si tuvieron comercio carnal con algún demonio y por qué tenían tanto interés en perjudicar a las inocentes criaturas. Sarah Good se defendió diciendo que aquello era una tontería. Sus respuestas fueron tan ricas en sensatez que el presidente del tribunal pidió a las niñas que la mirasen y jurasen que fue ella la autora de sus desgracias. Las niñas sufrieron el enésimo ataque de histeria y contestaron afirmativamente.
Hawthorne, que así se llamaba el presidente del tribunal, acusó a Sarah de no decir la verdad y la condenó a morir en la horca. Igual condena recayó en Sarah Osborne, quien se salvó de morir colgada. Murió por sí sola, en el calabozo. En cuanto a Tituba, que no era nada tonta, se confesó culpable, pero reconoció que había sido víctima de Satanás, sin poder evitarlo, porque el muy malvado había amenazado con maltratarla si no le obedecía. Gracias a su confesión salvó la vida, pero tuvo que permanecer largo tiempo encerrada, por si acaso.
No tuvo tanta suerte Martha Cory, a quien le tenían ganas las personas honorables de Salem. La mandaron a la horca, para que aprendiera a portarse como las mujeres decentes. Pero no acabó con ella el problema, porque Abigail y Elizabeth -las brujas de Salem- reanudaron sus sesiones de posesión satánica y dieron el ejemplo de tal manera convincente que otras muchachas del pueblo sufrieron en público ataques de histeria. Aquello parecía nunca terminar.

Cómo explicar lo sucedido con las brujas de Salem

Un poder hipnótico

Todo nos indica que el poder hipnótico de las adolescentes sobre las autoridades se fue perdiendo. Habían querido convencer a la gente para que se pusieran en contra de la esposa del reverendo John Hale, de la Primera Iglesia de Beverly, pero era una dama tan estimada en Salem que los gritos de las niñas no impresionaron a nadie. Finalmente, los habitantes del pueblo se pusieron de acuerdo para declarar que las acusadoras no eran más que unas niñas malcriadas y embusteras.
El gobernador de la Colonia, sir William Phips, ordenó echar tierra al asunto. Las niñas acusaron entonces a la señora del gobernador de ser la jefa de las brujas de Salem. El juicio de Salem estaba llegando a su término, a pesar de que las niñas siguieron insistiendo y jamás se mostraron arrepentidas por lo que habían hecho, ni siquiera a la hora de colgar a las víctimas.

¿Fueron las brujas de Salem de verdad las mujeres condenadas a muerte?
Según Mary Matosian, profesora en la universidad de Maryland, las visiones, espasmos y ardores experimentados por las presuntas brujas de Salem fueron provocadas por un envenenamiento de ergotina, principio tóxico contenido en el cornezuelo, hongo presente en el centeno. En los países europeos donde se consume mucho pan de centeno era frecuente esta clase de envenenamiento. En el caso de Salem, puede decirse que el año que precedió al del drama fue caluroso y húmedo, lo que favoreció la proliferación del hongo llamado cornezuelo, conocido en botánica por su nombre en latín Clauiceps purpúrea. El siguiente año, que fue seco y frío, no prosperó ya esta amenaza. Todo regresó a la normalidad.
Pero lo que nos queda en el tintero y por poder averiguar sobre las brujas de Salem es, por qué el mal atacó a las mujeres y en ningún caso a los hombres.
Sin lugar a dudas, esto permanecerá en el misterio de esta historia y de tantas otras.

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