Tribunal de Inquisicion

El proceso de inquisicion finalizaba si un acusado se declaraba culpable o simplemente si el tribunal de inquisicion decidía arbitrariamente que esto era así, entonces se dictaba la sentencia. Existía un jurado cuya función era colaborar con el tribunal de inquisicion; integrado por fieles cristianos, abogados laicos, nobles, etc. A éstos se les informaba sobre el proceso en cuestión y se pedía su opinión acerca de la sentencia que se debía imponer.

Tribunal de Inquisicion
La resolución final era comunicada al condenado generalmente un domingo en un lugar público, como podía ser una plaza, o cualquier lugar que reuniera a muchas personas. A éste proceder se le denominaba “sermo generalis”. Un inquisidor general pedía a las personas allí presentes que se declaren fieles cristianos y entonces procedía a comunicar la sentencia. Ésta no era definitiva, pero, de todas maneras casi nunca se modificaba, y menos aún si se trataba de una sentencia de muerte. Los acusados esperaban su condena de rodillas ante el tribunal de inquisicion y se les pedía que se declaren traidores de la fe y recen a Dios. Éstos tenían derecho a requerir al papa, pero los inquisidores podían declarar ésta petición como infundada y anularla, por lo que era casi imposible que un condenado en estas condiciones lograra defenderse. La sentencia más grave era la excomunión, y se aplicaba a las personas que a pesar de haber cometido actos de herejía, nunca se declararon culpables, incluso durante las torturas. La iglesia entendía que ya no podía hacer nada para rehabilitar a esta persona y entonces la transfería a la justicia civil. Esta última generalmente determinaba que el acusado sería rápidamente enviado a la hoguera. El condenado podía una vez entregado a la justicia civil confesarse y retractarse por lo hecho, entonces podía ser aceptado nuevamente por el tribunal de inquisicion. Para determinar si su arrepentimiento era veraz, el tribunal inquisidor obligaba al acusado a confesar quienes cometían junto con el, actos de herejía. Si éste declaraba, entonces se reconocía su sinceridad y la pena de muerte era sustituida por la prisión perpetua. De lo contrario, su muerte era inmediata.
 

Tribunal de inquisicion y sus terribles condenas

La prisión era la segunda condena en importancia, seguida de la pena de muerte. Ésta era considerada por la inquisicion, como un medio para reflexionar y rehabilitarse. A los herejes que habían confesado su culpabilidad durante el “Tiempo de Gracia” que les otorgaba el tribunal de inquisicion, se les aplicaba únicamente prisión temporaria, pero, si su confesión se había realizado durante el proceso o la pena de muerte, la condena era perpetua. Existían dos tipos de prisión, la denominada “murus largus” (muro largo), era la más leve. Al condenado que recibía este tipo de sentencia, se lo encerraba con una cierta libertad y se le permitía recibir visitas. El otro tipo de prisión, la más grave, denominada “murus strictus” (muro estrecho), se confinaba al detenido a un encierro total e inhumano, en un calabozo oscuro y sin ningún tipo de contacto con persona alguna. Se lo encadenaba a una pared y allí quedaba recluido para siempre.

Otro tipo de sentencia, aunque más leve, era el castigo público. Consistía en obligar al inculpado a ir a la Iglesia con los pies desnudos, llevando cadenillas de hierro con puntas, con los que sería azotado más tarde, durante la misa, después de recibir un regaño del obispo. Posteriormente, el condenado debía caminar en una procesión, junto con otros herejes, ya condenados por el tribunal de inquisicion. Al final de la misma, éstos eran azotados nuevamente y eran obligados a confesar sus pecados frente a toda la población. Era recién en este momento cuando finalmente se les otorgaba el perdón de Dios. La peregrinación era un tipo de condena que se le otorgaba a los casos más simples de herejía. Según la gravedad de los delitos cometidos, la distancia recorrida era mayor o menor. La más rigurosa era la de la Tierra Santa. Ésta finalmente debió abandonarse debido al peligro de la morisca. Peregrinaciones como las hoy conocidas de Roma, Santiago de Compostela o Chartres, tuvieron sus orígenes en esta época de la inquisición. A los herejes que habían cometido faltas leves, también el tribunal de inquisicion, los podía sentenciar a realizar servicios en las carretas; ésta era considerada una condena indulgente.

Tribunal de Inquisicion  
Una vez dictada la sentencia, se procedía a realizar el total retiro de los bienes del acusado. Muchas veces, esto era realmente el motivo por el cual se realizaban acusaciones en contra de personas inocentes, con el único fin de quedarse con sus riquezas, aunque por supuesto, se expusieran otras excusas. Por ello, no es extraño que las primeras víctimas de la inquisición hayan sido personas adineradas. Sin embargo, si los bienes del acusado no eran retenidos por el tribunal de inquisicion, también podía pagarse la condena con riquezas, o bien se podía sustituir un tipo de sentencia realizando un “pago” o entrega de bienes que eran utilizados en la realización de obras religiosas. Durante el tiempo en cual el hereje cumplía su sentencia, éste era obligado a llevar consigo lo que se denominaba “signos de infamia”. Consistían en dos cruces amarillas y muy visibles, bordadas en su ropa, una en el pecho y otra en la espalda. Los desleales, llevaban cruces dobles, y los blasfemos del sacramento, la imagen de la hostia. Este castigo era realmente más cruel de lo que parece. De esta manera se delataba claramente cuales eran las personas que se negaban a la fe y habían cometido actos de herejía. Esto provocaba que muchas veces sean víctimas de golpizas, insultos, maltratos y discriminación. Como ustedes pueden apreciar estimados lectores, el tribunal de inquisicion, no era para nada benevolente.
 

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