Torturas de la Inquisicion

Las torturas ya en la época de los atenienses y los romanos eran utilizadas como método para lograr las confesiones de los delincuentes. En la edad media también se habían puesto en práctica con los mismos fines. En un principio la iglesia se negaba a utilizar la tortura, pero la historia misma la incitaba a hacerlo. Entonces a pesar de las innumerables razones morales que demoraron su aceptación, el papa Inocencio IV, en el año 1252, autoriza las torturas de la inquisicion, como método de confesión.

Torturas de la Inquisicion
“El potro” era un tipo de tortura que consistía en atar al condenado de manos y pies a una tabla de madera o a una rueda. La cuerda que lo sujetaba podía ser tensada a través de un torno. A medida que aumentaba la tensión de la cuerda, el cuerpo de la víctima se estiraba tanto que sus miembros podían llegar a dislocarse. Otro de los tipos de torturas de la inquisicion, utilizada era la colocación de carbonos encendidos en las partes mas sensibles del condenado, como los pies, manos, ingle, etc. Finalmente la denominada “tortura de la cuerda” o “l'estrapade” en Francia. Se amarraban las manos del acusado en su espalda y se lo colgaba a una cuerda que pasaba por una polea colgada en el techo. A continuación se lo elevaba dos o tres metros y se lo dejaba caer al suelo repetidas veces de forma impetuosa.
 

Las diferentes torturas de la inquisicion

Posteriormente las torturas de la inquisicion, se modificaron y a estas cuatro se les sumaron muchísimas más. Aparecieron los “prensa pulgares”, se presionaban los dedos de las manos de la víctima con gran fuerza mediante la utilización de pinzas hasta destrozarlos casi por completo. “La bota “, consistía en colocar un par de tablas, una a cada lado de las pantorrillas y apretarlas en forma de prensa hasta lograr quebrar el hueso. Otro tipo de tortura era denominada “cordeles”, en la cual se colocaban cuerdas envolviendo los brazos. Luego las mismas se retorcían hasta desgarrar la piel del detenido. “La cabra”, se trataba de bañar los pies de la víctima en agua con sal y hacer que una cabra los frote con su lengua áspera hasta descubrir el hueso. Otras torturas de la inquisicion utilizaban el fuego, aceitaban o engrasaban los pies del condenado y se colocaban en brasas encendidas hasta que la piel se abriera. Además utilizaban agua, se le ponía al prisionero un pañuelo húmedo en la garganta y se le iba extrayendo agua hasta lograr que éste no pueda respirar. También se colocaba un embudo en su boca y se lo obligaba a ingerir grandes cantidades de líquido. La privación de la ingesta de comida o agua, o la prohibición de conciliar el sueño eran métodos de tortura que también se pusieron en práctica.

 

A estos espantosos hechos hay que añadirles además el terror psicológico que se fomentaba mientras se preparaba a la víctima para recibirlos. Los preparativos eran muy largos, se traía al detenido a la sala de torturas de la inquisicion y se lo denudaba. Los elementos de tortura estaban colocados muy visiblemente mientras un verdugo se preparaba para llevar a cabo el terrible acto. Estaba determinado que los castigos no podían durar más de media hora y no se podía repetir la misma tortura varias veces. Una vez finalizada una, si no se lograba una confesión, un médico se encargaba de controlar el estado de la víctima; si ésta se encontraba en condiciones, se procedía entonces a iniciar otro castigo, si sucedía lo contrario y el acusado se encontraba muy deteriorado se lo enviaba nuevamente a su celda a recapacitar y se marcaba otro día para continuar su tortura. En 1264 el papa Urbano IV autoriza a los inquisidores a participar de las torturas de la inquisicion propiamente dicha, ya que en un principio esto no se les permitía. Éstos entonces comenzaron a dirigirlas y hasta se encargaron de llevarlas a cabo personalmente.

La confesión se obtenía casi de inmediato, incluso durante los preparativos de tortura, otras veces demoraba un poco más, entonces se comenzaba con castigos leves seguidos de otros más crueles y sanguinarios. Si un inocente resistía las torturas sin confesar, el tribunal debería otorgarle la libertad, ya que su resistencia demostraba su inocencia. De todas formas esto no ocurría casi en ningún caso, ya que si éste no confesaba, se le acusaba de otras causas y se iniciaba un nuevo interrogatorio y un nuevo castigo. Otra forma de inculpar a un acusado que se declaraba inocente a pesar de las repetidas torturas de la inquisicion, era afirmar que éste era culpable de todas formas y que su resistencia únicamente demostraba que era un hereje insistente y su negación no era más que otro acto de herejía frente a la fe. Esto, sumado a la acusación por la que se lo condenaba, ya eran motivos suficiente para condenarlo a la hoguera. En resumen era muy difícil que alguna persona fuera liberada una vez capturada por un tribunal de inquisición. Comenzaron entonces a ocurrir innumerables brutalidades y excesos, por lo que el papa Clemente V decretó en su Constitución Multorum querela, en el año 1311, que ningún inquisidor podía torturar a un acusado sin la aprobación del obispo.

Sin embargo posteriormente los obispos delegaron esta tarea al mismo tribunal inquisidor, por lo que este decreto quedó sin validez alguna, pues este fue el final de las tan crueles torturas de la inquisicion.

 

Búsqueda personalizada
 

 

 
Volver: Inquisicion
Copyrigth © 2010 Inquisicion.